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Rafael Carpintero, traductor de «Aceitunas con pan» de Ömer Seyfettin (entrevista)

Entrevista a Rafael Carpintero, traductor de Aceitunas con pan, realizada en el marco del proyecto de investigación Digital Translations in the Making: Hong Kong Contemporary Fiction in Spanish financiado por el Comité de Becas Universitarias de Hong Kong. En dicho proyecto participan Maialen Marin-Lacarta (Hong Kong Baptist University), Mireia Vargas-Urpi (Universitat Pompeu Fabra) e Iris Capilla Campomar (Hong Kong Baptist University). La entrevista se realizó por videoconferencia en abril del 2016.

Rafael Carpintero

 

Rafael Carpintero nació en Córdoba en 1962 y lleva 30 años viviendo en Turquía, donde ejerce como profesor de Lengua y Literatura Española en el Departamento de Lenguas Occidentales de la Universidad de Estambul. Conocido sobre todo por sus traducciones del nobel de literatura Orhan Pamuk, Rafael Carpintero es el traductor español de referencia de los grandes autores de la literatura turca.

 

¿Cómo empezaste en el mundo de la traducción?

Estudié árabe e islam en la Universidad Autónoma de Madrid y en quinto curso tuve que elegir como optativa una segunda lengua que era o turco o persa y, como me gustan mucho las lenguas raras, y el turco es superraro, pues escogí turco.

Entonces, me vine aquí a Estambul con una beca para hacer la tesis sobre un autor local, Tahsin Yücel. No estaba traducido al español, así que añadí como apéndice a la tesis una traducción del libro de cuentos que yo había usado como material.

Un par de años después, en 1998, Ediciones B quiso traducir una novela de Yaşar Kemal, El Halcón, directamente del turco. Era un proyecto organizado por la Unesco y se pusieron en contacto con el departamento de la Autónoma de Madrid, donde les dijeron que el que trabajaba en turco era yo y así fue como acabé firmando un contrato para traducir una tetralogía de novelas.

Algo más tarde, volviendo un verano a Estambul desde Madrid, mi mujer y yo compramos la revista Qué Leer y vimos que había un anuncio de Alfaguara donde buscaban un traductor de turco para la obra de Orhan Pamuk. Les escribí y, a partir de ahí, ya fui encadenando un encargo de traducción tras otro más o menos de forma continua. Llevo unos veinte años traduciendo, todo del turco, todo en narrativa.

¿Para qué editoriales has traducido? Has mencionado Ediciones B, Alfaguara…

Entre las grandes, para Ediciones B traduje mucho en su momento, además de para Alfaguara y Mondadori (que ahora no es Mondadori, es Penguin Random House); para Planeta también hice una cosa que salió muy mal. Y luego entre las editoriales pequeñas, Metáfora, Sexto Piso, Salamandra…

Para mí es mucho más cómodo trabajar con grandes editoriales, porque tienen departamentos que se ocupan cada uno de lo suyo. Nunca tienes problemas ni de que te paguen en su momento, ni de corrección, ni nada de eso. Con las pequeñas suele ser más conflictivo.

¿Más conflictivo? ¿En qué sentido?

En una editorial grande, el corrector se pone directamente en contacto con el traductor y trabajan juntos muy bien. Las editoriales pequeñas tienen mucho menos personal, entonces suele haber problemas porque a lo mejor no tienen correctores, o contratan correctores que no contactan contigo y cosas así. Y no hablemos ya de cuestiones de pagos, vencimientos y todo eso; con las editoriales pequeñas suele ser bastante conflictivo conseguir que te paguen en su momento.

Ahora que has mencionado la corrección, ¿las editoriales suelen buscar a correctores que sepan turco?

Casi nadie sabe turco, los correctores normalmente sólo saben inglés. Entonces ahí hay un problema porque si existe una traducción inglesa te dicen: «En la versión inglesa dice no sé qué», y a veces las traducciones inglesas son horrorosas. Si la traducción es del turco al francés suele ser mejor, pero los franceses —yo no sé por qué— tienen la manía de hacerlo todo muy estético y muy bello y barroco. «Ah, pues aquí dice, “el maravilloso menaje” y tú has puesto “la cubertería”, ¿por qué?» «Bueno, porque en turco dice “la cubertería”, no “el maravilloso menaje”». En fin, dramas.

¿Cómo empezó tu colaboración con ¡Hjckrrh!?

Pues no lo recuerdo muy bien. En algún momento escribí a Juan Gabriel porque le tenía cierto afecto por un artículo suyo en el que me mencionaba y que luego yo usé en un librillo sobre traducción, donde decía que parecía que los críticos literarios habían nacido el día de Pentecostés y hablaban todas las lenguas del mundo. Creo que me puse en contacto con él a raíz de eso y luego él me escribió proponiéndome colaborar con la revista 1611 en relación con las traducciones del turco al español. Poco después me contó lo de ¡Hjckrrh! y me explicó el proyecto de la colección de traducciones de relatos sobre la Primera Guerra Mundial.

En realidad, lo primero que hizo fue consultarme porque, buscando información sobre literatura turca acerca de la Primera Guerra Mundial, encontró mencionados varios autores, y me preguntó qué me parecían. Uno de ellos era Ömer Seyfettin, un autor muy conocido y al que tenía muchas ganas de traducir.  Gabriel me comentó que había visto que hablaban de Aceitunas con pan como un cuento que valía la pena y me preguntó que si me animaría a traducirlo. Total, que me animé.

Entonces, ¿la elección del relato vino de Gabriel?

Suya fue la idea de que yo me lo leyera y le dijera qué me parecía; digamos que yo era el experto en turco. Así que la elección vino de él y además fue una elección muy interesante porque Ömer Seyfettin es un autor muy importante en Turquía porque es el padre del relato moderno turco.

Con este autor pasa una cosa, que te puedes encontrar unos cuentos tremebundos que te ponen los pelos de punta, pero luego tiene otros muy bonitos como éste, Aceitunas con pan, que es muy íntimo, muy personal, muy de sentimientos. Entonces me pareció muy bien y, nada, salió adelante.

¿Cómo viviste el proceso de traducción y revisión? ¿Encontraste alguna dificultad?

Fue siempre en colaboración con Gabriel, que fue quien lo corrigió todo y con quien discutía las dudas terminológicas. Él me comentaba las cosas raras que veía y en general estuvimos más o menos de acuerdo. No hubo mayor problema.

Recuerdo un término totalmente absurdo que era: «Ella tiene un banco de madera y sobre el banco una tira de fieltro bordado…», que yo llamé «camino de fieltro». En realidad, se llaman «caminos de mesa» o «caminos de banco» y Gabriel decía que lo de «camino» era muy raro. No sé, fueron conversaciones interesantes sobre temas extraños… Fue una corrección muy detallista que me gustó mucho.

Recuerdo también una discusión muy absurda que tuvimos sobre una fecha en la que él tenía razón y yo no. También estuvo muy bien.

¿Sobre qué fecha?

La fecha en que se situaba el cuento. Resulta que el cuento está fechado, pero no según el calendario gregoriano, sino según el calendario que se usaba aquí antes de la república. Según mis cálculos era un año, pero según los cálculos de Gabriel a él le salía un año después. Tuve que comprobarlo y resulta que el calendario que se usaba entonces era el juliano en lugar del gregoriano, con lo cual tenía unos días menos y, efectivamente, si calculabas los días, él tenía razón. No sé, estuvimos comentando ese tipo de cosas, cosas que me parece muy interesante debatir.

¿Recuerdas si acordasteis una fecha de entrega? ¿O fuiste haciendo sobre la marcha?

Fui haciendo sobre la marcha, porque no había ninguna fecha de entrega concreta. Si no recuerdo mal, en cierto momento le pedí que me dijera más o menos una fecha porque yo trabajo mejor con fechas. De todas formas, era un cuento de diez o veinte páginas, así que tardé poco, una semana o dos en traducirlo.

El cuento incluye un prólogo que también escribiste tú, ¿verdad?

Sí. La cosa era vender un poco el producto, presentarlo al público de habla hispana por el valor literario que tiene en Turquía. Ömer Seyfettin es un autor muy importante porque es el gran creador del relato turco contemporáneo. Así que la idea era ésa, explicar que es un autor que vale la pena y que merecía ser traducido al español.

En la página de ¡Hjckrrh! también aparece una biografía del autor y una sinopsis de la obra. ¿Eso viene de ti también o de Gabriel?

Eso es de Gabriel. Todo lo que hay en la página web, viene de ¡Hjckrrh! y les ha quedado muy bonito, la verdad, muy interesante.

Además, todo este proyecto me parece una iniciativa muy ingeniosa que pueden hacer los traductores. Es decir, buscar a autores de derecho público, montarte un sitio web y difundir tus traducciones desde allí en formato electrónico, me parece muy buena idea.

¿Tuviste algo que ver en la elección de la imagen de la cubierta?

Para la portada, yo había pensado en un detalle de un cuadro de un pintor orientalista turco, Osman Hamdi Bey, porque tiene mucha relación con la historia. En el cuento aparecen unas mujeres que van vestidas de colores y la protagonista va vestida con el charshaf negro y en el detalle del cuadro salen precisamente varias mujeres vestidas de colores y una con un charshaf negro. Entonces se lo mandé a Gabriel y a Marc Valls, explicándoles por qué me parecía que podía estar bien para la portada y ésa es la imagen que usaron.

¿Cómo compararías la experiencia de traducir para ¡Hjckrrh! y para una editorial más tradicional?

En principio no hubo mucha diferencia. Se trató de un relato muy corto, así que se parece otros textos cortos que que he traducido algunas veces para periódicos. Se hace relativamente deprisa.

En las editoriales grandes, el que se pone en contacto contigo es el jefazo y una vez empiezas a trabajar ya te pasan con el editor de mesa, que en mi caso siempre han sido mujeres; siempre editoras de mesa, gente que sabe de su oficio y con la que da gusto trabajar. Sin embargo, con las pequeñas no tratas con la editora de mesa, sino con un señor que muchas veces no entiende muy bien el tipo de problemas que le planteas y que normalmente se ha leído otra traducción del original en inglés.

Con Gabriel, como es traductor, esos problemas no existen. Cuando comentamos alguna dificultad los dos sabemos de qué estamos hablando; eso me ha pasado mucho también con los correctores. Es una relación que da gusto porque es gente que sabe con lo que estás tratando y eso hace el trabajo mucho más agradable.

¿Con quién de ¡Hjckrrh! tuviste contacto? Solo con Gabriel, ¿no?

Solo con Gabriel, sí, a partir de aquello de la revista 1611. Lo que no me acuerdo exactamente es como llegué yo al contacto con Gabriel, quizá fuera a través de Celia Filipetto.

Hace unos años creaste un blog, El carpintero traductor, donde escribes sobre tu día a día en Estambul y reflexionas sobre el oficio de traductor. ¿Qué nos puedes contar sobre este blog?

El blog lo dejé, me quitaba mucho tiempo para hacer otras cosas. En realidad, lo del blog vino por una amiga periodista de aquí, sevillana, que me sugirió que debía tener un blog donde comentar lo que he traducido. Y me lo abrió ella.

La idea original era dar a conocer un poco las obras que traduzco porque a no ser que sean un par de autores muy conocidos al resto no los lee nadie. Entonces fui compaginándolo con opiniones mías sobre la traducción desde un punto de vista muy ligero y humorístico… porque en este mundillo de la universidad, oye uno muchas tonterías. Entonces, no sé, por meterme un poco con ellas. Incluso yo mismo, a nivel académico, digo muchas tonterías, pero eso ya es otra historia.